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Biocombustibles: se erigen en la clave para reactivar la economía tras la pandemia

Con una cosecha de maíz proyectada en 51 millones de toneladas para la campaña 2019/2020, definitivamente Argentina juega fuerte en los mercados internacionales, pero además adquiere un verdadero rol protagónico en materia de producción de subproductos derivados de este cereal, porque desde la producción de bioetanol, pasando por la burlanda, hasta disponer de la capacidad de construir autos flex.

Así quedó demostrado en el último congreso Maizar 4.0, que por primera vez se hizo en forma virtual en especial por su impacto en el desarrollo de los biocomustibles, y la necesidad de acordar una nueva ley de biocombustibles.

Precisamente estos fueron los temas que abordó el panel “Bioetanol: promoviendo la nueva ola de biocombustibles”, presentado en el congreso, Congreso Maizar 4.0, moderado por Alberto Morelli, presidente de Maizar.

Del bloque participaron, el experto brasileño Plinio Nastari, de Datagro Consultoria; Juan Luis Fernández, ministro de Desarrollo Productivo de Tucumán; Eduardo Accastello (ministro de Industria y Comercio de Córdoba), y Claudio Molina, de la Asociación Argentina de Biocombustibles e Hidrógeno.

Este año se redujo el consumo de etanol, pero a niveles equivalentes a 2017. En cambio, las exportaciones se ven beneficiadas por la devaluación.

PALABRA DE EXPERTO
ORIUNDO DE BRASIL

Según lo publicado por Noticias Agropecuarias, tras la presentación del panel a cargo de Alberto Morelli, presidente de Maizar, el especialista brasileño manifestó que está convencido de que “no se puede decir que la pandemia le trajo problemas de precio al etanol”, y mostró que tras un impacto inicial por la caída del precio internacional de la nafta, que arrastró al precio del etanol, desde abril empezó a subir y hoy tiene valores récord.

“El problema fue la depreciación de la moneda”, explicó, que trajo una transferencia de precios para los commodities agrícolas, y ahora los precios del azúcar respecto de los de etanol de caña están mejor que en los últimos 5 años, y señaló que “prevemos una zafra mucho más azucarera, y menos etanol”.
En cuanto al consumo de etanol en Brasil, este año se redujo, pero a niveles equivalentes a 2017.
En cambio, las exportaciones se ven beneficiadas por la devaluación, “principalmente a California, que paga un premio por la ventaja ambiental del etanol de caña, y en mercados como Corea y Japón”, dijo.
Y agregó que “ese incremento se relaciona con la producción de maíz en Brasil, que para la cosecha 2019/20 se estima de 102,3 millones de toneladas. De estas, 75,9 millones serán de segunda zafra, la que más se proyecta que aumente”.

Aunque con una productividad que tiene mucho para crecer (5.530 kilos por hectárea), el área cultivada de maíz fue de 18,5 millones en el ciclo 2019/20; la segunda zafra ocupó 8,83 millones de hectáreas, lo que implica que el 53,6% de la soja se hace con maíz de segunda”.

EN ARGENTINA

Con ese panorama prometedor de fondo, en el panel se planteó la situación en la Argentina, que estuvo a cargo de Juan Luis Fernández, ministro de Desarrollo Productivo de Tucumán, dijo que “la fórmula del bioetanol se castigó durante los tres últimos años de la anterior administración, y luego hubo un congelamiento”.

“Pedimos lo mismo que para Vaca Muerta para el distrito sucroalcoholero!, enfatizó.

“En la matriz energética nacional, las energías renovables son apenas el 5,83 por ciento, y de estas, el 75% corresponde a eólica y solar, mientras que las bioenergías (biogás y biomasa) son ínfimas (7%)”, dijo.

Fernández mostró también un gráfico con la variación acumulada de precios de los últimos dos años del bioetanol de caña y de la nafta, que muestra que mientras esta aumentó 134%, el bioetanol solo lo hizo 84%.

“Nuestras naftas tienen un 12% de bioetanol, hay una captura de precios”, se quejó.

“A diferencia de otros países, el nuestro tiene un enorme potencial de recursos y hay que administrarlos con criterio nacional. Creo que no tenemos que privarnos de ningún recurso, sino usarlos con el mejor sentido. Pero ¿la bioenergía para cuándo? ¿Por qué nos cuesta tanto aumentar el recorte del 12%? ¿Por qué a esta vaca viva no se la trata como a la otra?”, exhortó.

Y recordó que, en los últimos tres años, el bioetanol sustituyó importaciones por 1.634 millones de dólares.

El ministro esquematizó la estructura del sector, que integran 13 plantas de bioetanol de caña de azúcar, en el NOA; 6 de bioetanol de maíz, fundamentalmente en la región central, y 34 de biodiésel, sobre todo en Buenos Aires y Santa Fe.

“En total, 53 plantas en 10 provincias. Vamos a trabajar con la Liga de las provincias bioenergéticas. No creemos que haya argumentos en contra de esto. Y no queremos sorpresas, que se nos caiga la ley actual y el corte obligatorio, ya nos pasó en Tucumán”.

Desde Córdoba, el ministro Eduardo Accastello dijo que la incertidumbre de la pandemia obliga a !dialogar para impulsar una fuerte reactivación productiva y de trabajo. Estos cambios geopolíticos y comerciales nos exigen ser más competitivos”.

Y contó su experiencia personal con la importancia del agregado de valor en origen del etanol, que tuvo “cuando llegó ACA Bio con el proyecto de la planta, que garantizaba la cosecha a los productores, la rotación de cultivos, levantaba el precio y brindaba burlanda a los tamberos.

Se fueron multiplicando las áreas sembradas, la inversión, se fueron sumando alumnos y docentes de la UTN, se movilizó el comercio, los talleres: todo un desarrollo productivo. Es necesario tener una nueva ley con el concepto: un pueblo, un desarrollo productivo”, dijo el funcionario.

“El bioetanol también permite reducir costos, como los viajes desde el sur del país con naftas; hay que promover el uso de flex, tener un gran potencial energético, reducir el valor de la energía: podemos ahorrar 2.500 millones de dólares en sustitución de importaciones”, aseguró.