Dada la coyuntura, las Provincias favorecidas por la actividad de los biocombustibles, nucleados en la Liga Bioenergética, les preocupan dos frentes. Uno a corto plazo, que tiene que ver con que el Gobierno no actualiza el precio de los biocombustibles desde diciembre conforme a la fórmula de precios establecida.

Las empresas señalan que existe un atraso de por lo menos el 10% y que esta realidad está motivando la parálisis de parte del sector, donde se emplean a alrededor de 60.000 trabajadores.

La otra preocupación pasa por la caducidad de la Ley 26.093, que regula la actividad de los biocombustibles y vence el a mediados del 2021.

Desde la Liga Bioenergética ya han redactado una propuesta legislativa que apunta, entre otras cosas, a prorrogar por 15 años más la regulación de la actividad (ver nota).

Mañana, representante de distintas provincias y empresarios se reunirán para definir una estrategia. La idea es que legisladores nacionales cercanos a los gobiernos provinciales presenten la iniciativa para que sea sancionada entre este y el próximo año.

En tanto, Claudio Molina, director ejecutivo de la Asociación Argentina de Biocombustibles e Hidrógeno –AABH-, se muestra muy preocupado por la actitud de representantes de algunas refinerías de petróleo y encumbrados asesores de las mismas.

“El conflicto que plantean algunas refinerías de petróleo en contra de los biocombustibles en Argentina es cada vez más evidente. Y en los últimos días se produjo un fuerte recalentamiento del mismo, hecho que es incompatible con la responsabilidad social empresaria que tanto pregonan”, indica el directivo.

El dirigente sostiene que hay otros países, como Brasil, que evalúan poner fin al uso de nafta y gasoil dentro de algunos años mientras en Argentina la actividad va en retroceso.

Es que actualmente el corte de biodiesel en gasoil es del 10% mientras que el de bioetanol en naftas es del 12%, pero en los últimos meses, no se ha cumplido rigurosamente con estos cupos por el problema de precios.

Además, Molina advierte que “algunas refinerías quieren terminar con el mandato de uso de biocombustibles en Argentina”.

“Poco le interesan los problemas microeconómicos del país en su conjunto, otros no menos importantes, asociados a lo social –al poner en riesgo miles de empleo, particularmente los del interior profundo-, al medioambiente y a la salud de las personas que se producen como externalidades negativas de la combustión de combustibles minerales”, señala.

Y agrega: “Algunos directivos de una o más refinerías de petróleo, incluso encumbrados asesores, creen que operan en un negocio sustentable, que pueden mantener privilegios soslayando que el mercado de combustibles líquidos en Argentina, es oligopólico -con un jugador, YPF, que presenta una posición cuasi dominante-”.

“Cuando opinan sobre el supuesto atraso de los precios de los combustibles en surtidor –comenta Molina-, los invito a exponer a la opinión pública una serie de sus márgenes de refinación por barril, y la relación de dichos márgenes con los que se registran a nivel internacional. Solo hablan de comparar el precio de los combustibles en el mercado local con la paridad de importación de los mismos, pero nada sobre los márgenes que tienen”.

Y remata: “Cuando avizoran una situación complicada, solicitan al Gobierno Nacional la vuelta del «barril criollo», el mismo que denostaron durante el gobierno de Macri, para desprestigiar la política K en la materia. Es lo que se llama una verdadera «coherencia ideológica””.

Finalmente, el director ejecutivo de la AABH expresa que “por falta de estructura o limitaciones en el desarrollo de convenios ad hoc con terceros, la Secretaría de Energía no está en condiciones de controlar como correspondiera, la calidad de los combustibles líquidos que se expenden en Argentina”.

Opina que esta situación lleva “atrapa” al consumidor “en un doble juego de pinzas, por un lado, soportando las imperfecciones derivadas de la existencia del oligopolio antes referido -cercano a un monopolio, problema que fue observado en un estudio presentado a la Autoridad Nacional de la Competencia hace alrededor de dos años y que lamentablemente terminó cajoneado- y por otra, la dudosa calidad promedio ponderada de los combustibles que se ponen a la venta”.

“Claro está, y es bueno reconocerlo, no todas las refinerías de petróleo actúan de esta manera”, cierra Molina.